Apoyo familiar en el aprendizaje de niños con trastornos específico del lenguaje en los primeros años (parte 1)

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Por criterios de responsabilidad y observación en nuestro rol como madres, padres y/o cuidadores podemos observar de primera fuente el desarrollo de nuestros hijos e incluso por costumbre solemos comparar el aprendizaje de nuestros hijos con sus pares, lo hacemos verificando a qué edad camina o qué edad dijo su primera palabra o cuántas palabras dice para este momento e incluso empezamos a darnos cuenta si es entendible lo que dice. En este sentido si vemos que algo no concuerda con el desarrollo en comparación con otros pequeños empezamos a justificar e inclusive buscamos la asesoría de otras personas en casa (como abuelos, tíos o nuestros padres) quienes a veces nos dicen que esperemos hasta los cinco o seis años, que ellos recuerdan que un primo se tardó en hablar o que no hablaba bien y luego si lo hizo bien. 

Al tener presente estos indicadores podemos enfrentarnos a características que plantean un trastorno del neurodesarrollo, asociado al trastorno específico del lenguaje o a algún trastorno que no solo afecta el habla del niño, sino que tendrá serias repercusiones en la vida escolar de los niños, por ello la mejor estrategia inicial es la identificación temprana desde el entorno familiar y la incorporación de un proceso terapéutico pertinente. Por criterios deductivos como padres, pensamos en una respuesta en el servicio de lenguaje, comunicación y habla como algo suficiente, pero tomando en cuenta la edad y los indicadores observados el médico pudiera derivar a servicios como psicomotricidad, ocupacional, atención y concentración e incluso una intervención específica en sus procesos de aprendizaje. 

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La evaluación en habilidades para aprender efectuada desde los 3 años de edad puede evidenciar que el niño tiene dificultades fonológicas:

Para reconocer segmentar y asociar sonidos; dificultades para: identificar trazos, letras, números, uso del lápiz, recortar; aunado a poca motivación a ejecutar actividades escolares inclusive generando malestar o rechazo tomando conductas propias de niños más pequeños. De allí la necesidad de crear actividades especializadas y personalizadas con un enfoque innovador en que se pueda garantizar la creación un andamiaje cognitivo adecuado que potencie el proceso de aprender de manera adecuada.

En casa debemos contribuir a que nuestro pequeño identifique relaciones de tiempo empezando con día y noche: considerando los factores ambientales como la luz, oscuridad, el sol, la luna. Luego pasamos a la fase de identificación de criterios relacionados con mañana, tarde y noche… para ello podemos relacionar las actividades que realizamos durante estos momentos como en la mañana desayunamos, tenemos clases; en la tarde: almorzamos, nos bañamos, vemos tele; en la noche: cenamos, nos acostamos. 

Cuando observemos que ya está listo podemos iniciar con canciones con palabras cortas y sencillas en donde podamos hacer énfasis a los sonidos finales relacionando los sonidos y las palabras correspondientes e incluso si es posible podemos buscar elementos visuales de ambas palabras que riman. Otra estrategia ideal es el uso de cuentos que tengan imágenes grandes con pocas palabras preferiblemente con letras grandes, allí podemos leer, pero además permitir al niño crear su historia y que él nos la cuente. Las actividades que podemos desarrollar desde el hogar pueden ser variadas, significativas y especiales, pero lo más importante a tener presente como padres es que sean las que realmente favorezcan los requerimientos y necesidades de nuestros pequeños

Francisco Javier Ruiz Aldama

Coordinador del Servicio de Terapia de Aprendizaje ARIE Villa El Salvador